La Banda Sonora de Nuestra Infancia
En nuestra casa, la música nunca fue un fondo cualquiera; era un hilo invisible que unía generaciones, un puente que nos llevaba a Andalucía y a los recuerdos de nuestros abuelos, de la tierra que habían dejado y que siempre llevaban consigo. No eran los éxitos de la radio ni las canciones de moda; lo que nos conectaba era la copla y el flamenco, esas voces que parecían contener el alma de la tierra: Rocío Jurado, Dolores Abril, Concha Piquer… y en el flamenco, el Turronero, el Chocolate, la Paquera de Jerez, la Niña de los Peines… cada uno con su duende, cada uno con su historia. Recuerdo a mi madre cantando a pleno pulmón María de la O mientras fregaba la cocina, las gotas de agua brillando bajo la luz del mediodía, y yo golpeando el compás con un par de cucharas de madera. “¡Eso, sigue el ritmo!”, me decía entre risas. Los domingos, mi padre se sentaba en su butaca con su sombrero, prohibiendo que nadie tocara el tocadiscos. El Chocolate giraba y giraba, y nosotros aprendíamos...