Maite Martín, autoridad flamenca







Hace una semana se celebró en Granada  la primera Bienal de flamenco, Uno de los artistas que participó en la primera fue Maite Martín. El acontecimiento se celebróen la Abadía del sacromonte acompañaba por José Gálvez la guitarra donde interpretó temas populares, cantina, título por tango, soledad, temas de cantaores antiguos.

Hablar de Mayte Martín es hablar de autoridad, sensibilidad y duende. Recuerdo la primera vez que la escuché: era una joven nacida y criada en Barcelona, pero con una presencia flamenca que traspasaba fronteras. Poco a poco me fui dando cuenta de que no solo cantaba, sino que vivía cada nota, y que su dulzura podía convivir con un quejío profundo capaz de conmover hasta al más exigente purista.


Mis padres solían llevarnos a festivales de flamenco. Allí estaba ella, desafiando los prejuicios: una mujer cantando con fuerza y elegancia en escenarios donde muchos tradicionales no sabían cómo recibirla. Se atrevió a cantar boleros, milongas, vidalitas, fandangos… y hasta a acompañarse de orquestas, como la de Cadaqués en el Palau de la Música. Cada interpretación era una lección de respeto y valentía: aprendía de Enrique Morente, seguía a Carmen Linares, pero siempre dejaba su sello personal, auténtico y poderoso.


Con el tiempo comprendí que la vida le dio la respuesta a quienes dudaban: Mayte Martín demostró que innovar y ser fiel al flamenco no son caminos opuestos, sino complementarios, y que el duende verdadero surge cuando el corazón y la técnica se encuentran en perfecta armonía.



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