Influencia de la música en mi personalidad.
Como hijo y nieto de emigrantes andaluces, nací y me crié en un municipio de Barcelona donde la mayoría de la población eran inmigrantes de Extremadura, Andalucía, Murcia Galicia, Marruecos y otros países. Allí, la música y la cultura eran parte de la vida cotidiana: las reuniones, los festivales y los encuentros familiares eran espacios donde se mantenía viva la tradición.
Mis padres, los fines de semana, nos llevaban a conciertos de flamenco, muchas veces acompañados de paisanos, en los que la música era un puente hacia nuestras raíces. En casa, escuchábamos todo tipo de música gracias a un tocadiscos que mis padres habían traído; así nos acercábamos a los sonidos modernos de aquel tiempo, compartiendo generaciones a través de las notas y los ritmos.
Recuerdo especialmente el fenómeno de la rumba catalana, una manifestación artística y cultural surgida de la creatividad de los emigrantes andaluces que trabajaban entre Madrid y Barcelona. Este ritmo, mezcla de flamenco y sonoridades modernas, se convirtió en un símbolo de identidad, alegría y resistencia cultural.
Más adelante, participé activamente en grupos de aficionados fusión rumba y flamenco , con paisanos andaluces, de mis padres.
Otros andaluces instalados en Cataluña, sevillanos, cordobeses, malagueños y gaditanos, tocando percusión y palmas inspirando. La Andalucía en plena expansión. Era el palmero de la rumba sevillana y de versiones flamencas; en ocasiones, nos dejábamos llevar por improvisaciones y cantes que llegaban directamente de Morón de la Frontera, evocando la esencia del flamenco más puro.
Así, la música no solo me acompañó, sino que definió mi identidad, conectando mis raíces andaluzas con la vida cosmopolita de Barcelona y formando un hilo cultural que atraviesa generaciones
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