El primer disco de vinilo
La familia fue mi referente como la primera escuela: un lugar donde se aprendía a escuchar, a sentir y a vivir a través del sonido. Los abuelos, los padres y los entornos familiares actuaron como maestros silenciosos, transmitiendo historias, emociones y ritmos que se convertirían en el motor de una vivencia es una experiencia del momento de lo que se vivía en aquella época el trabajo los hijos la migración y otras circunstancias del momento.
Las primeras experiencias musicales se dan entre Barcelona y la tradición profunda de Andalucía. Recuerdo con cariño las reuniones familiares donde siempre había un ambiente festivo de celebración de unión con sus familias hijos nietos. Guitarra alcordeón y por supuesto percusión y baile.
Más tarde ya reuniones de la calle o casa de amigos donde el ambiente festivo se hacía algo más contundente mezclando el flamenco principalmente rumbas sevillanas de aquel momento entre guitarras percusiones palmas que antes y bailes de momento quedaba listo para el disfrute.
En otra época , los conciertos locales en el concierto ya de artistas con renombre.
universitaria la batucada universitaria, donde los tambores y percusiones le enseñaron la magia del ritmo colectivo; los conciertos de diferentes artistas de aquel tiempo, que mostraban cómo el flamenco podía cruzar fronteras; y las primeras jam sessions con cantaores y guitarristas locales de Granada, que fueron acercándome aún más a la música, el gusto por algunos estilos musicales y algún instrumento de percusión.
Entre anécdotas como micrófonos que se apagaban o cajones que se rompían, cada ensayo y cada viaje se convirtió en una lección de improvisación, disciplina y emoción compartida.
Mi formación se nutrió de un amplio abanico de influencias musicales. Desde el flamenco clásico —La Niña de los Peines, Caracol, Farina, Pepe Aznar— hasta las fusiones modernas de La Mari de Chambao, Ojos de Brujo y Enrique Morente, pasando por la rumba catalana de El Gato Pérez y Pescaíllas Pérez, cada estilo aportó texturas y ritmos que enriquecieron su lenguaje musical. La música internacional, la barroca, la celta de Carlos Núñez, el fado portugués y las habaneras de Cádiz ampliaron su panorama sonoro, enseñándole a fusionar tradición y modernidad con sensibilidad y creatividad.
Más allá de la técnica y los estilos, la música se nutre de influencias emocionales y espirituales. Desde muy joven mostró un interés especial por la música religiosa y tradicional: los villancicos flamencos, los cantos litúrgicos y los cultos en Andalucía le enseñaron a transmitir emoción, fe y conexión comunitaria. El fado, con su melancolía profunda, reforzó su capacidad de conmover y expresar lo intangible a través de la interpretación. Esta dimensión emocional se entrelaza con su formación en flamenco y fusiones modernas, aportando autenticidad y profundidad a cada interpretación y proyecto pedagógico.
Otro elemento clave en su desarrollo ha sido el interés por la vida y trayectoria de los músicos que admira. La fuerza y sensibilidad de Ray Heredia, el duende de Camarón de la Isla, la innovación de Enrique Morente y otros artistas le enseñaron que ser músico no es solo ejecutar bien un instrumento o cantar con precisión, sino vivir la música con intensidad, integridad y autenticidad. Conocer sus historias, cómo fusionaron tradición y modernidad, cómo enfrentaron obstáculos y retos personales, ha sido tan formativo como aprender melodías o ritmos.
Por tanto, concluir acerca de mi trayectoria en el ámbito musical se define por un equilibrio entre respeto a la tradición, apertura a la innovación y sensibilidad emocional, donde cada influencia, experiencia, recuerdo familiar y estudio de la vida de los músicos contribuye a un lenguaje musical versátil y profundo. Para él, la música no es solo sonido: es emoción, encuentro, aprendizaje y transmisión, un puente entre culturas, generaciones y experiencias humanas compartidas
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